martes, 16 de marzo de 2010

Tres sobres de levadura : 1,45 euros

Entre los 82132 parados de Febrero estoy yo. Si esa cifra se fuera ampliando, como un mapa visto con Google Earth, se me vería mirando hacia arriba y saludando. Soy como esos aficionados a los que se les pide que, cuando salga el equipo al campo, levanten la cartulina que tienen debajo del asiento para componer una imagen.

-¿Qué decimos?
-Que estamos en la puta calle.

Así que miro hacia arriba y saludo como un náufrago esperando que pase un avión que nos lance a los 82132 parados de la isla Febrero algo que nos ayude. Me siento igual que esos personajes de la película Horton que no sabían qué hacer para que les escucharan en el mundo real. Como parado, pierdes tamaño hasta quedarte en esa famosa mínima expresión con la que te amenazaban las madres.

-O te comes las lentejas o te vas a quedar en la mínima expresión.

Y heme aquí, cumplida la amenaza de mi madre y con el tamaño de una lenteja. Este futuro lo tenía yo revelado aquella tarde de sábado con la cuchara en la mano, el plato frío y los dibujos animados en una pequeña televisión en blanco y negro, pero siempre buscamos las señales en otra parte. Mi tamaño físico es normal, pero el real es el de una legumbre. Por eso todo se hace más grave y pesado, como si la gravedad se hubiera multiplicado y al tiempo, en vez de echarle aceite, le hubieran puesto miel para frenarlo.

-¿Eso es el motor de un avión?
-No, de una avioneta. Parece que se acerca.

De la avioneta caen titulares políticos, duros y gruesos como troncos, botas de fútbol sin cordones y con barro entre los tacos, cintas de VHS con capítulos antiguos de "Cine de barrio", todos los Cd´s de Operación Triunfo de los últimos años, miles de sobres de levadura, las pancartas usadas en la última manifestación de UGT y los informes de la Unión Europea sobre su plan económico que se deshacen antes de llegar a la arena.

-¿Qué pone en el cartel?

Guiño los ojos para leer lo que anuncia la avioneta en la larga tira que lleva detrás.

-Una promoción en Torremolinos con la nevera llena.

Una nevera llena es algo que hay que tener en cuenta, me digo. Me siento en la playa y me pongo unas botas de fútbol. Son de diferente número pero no me importa. Igual marco tendencia. Veo que, poco a poco, todos los demás hacen los mismo. Desde arriba debemos parecer un grupo de pingüinos en el Polo Norte.

-¿Han tirado algún balón? - pregunta alguien a lo lejos.

Todos miramos a derecha y a izquierda y respondemos que no, imitando el sonido de miles de gaviotas. Después surge el silencio. Imagino que en otra isla, todos con un balón bajo el brazo, esperarán a que lleguen las botas.

Cojo un sobre de levadura, de la marca "Estoloarreglamosentretodos" y me doy cuenta entonces de que no somos personajes de Horton, ni pingüinos ni gaviotas ni aficionados deseando convertirse en Ronaldos para que un tal Nivaldo nos selle la tibia con su admiración. No. Somos ingredientes de un extraño plato. Lo de la levadura parece el toque optimista para que nos convirtamos en algo esponjoso, bonito y dulce. Recuerdo entonces una receta de tarta de chocolate que hice con mis hijos.

-¿Te la cuento? - le digo a mi compañero de la derecha.
-Venga - dice, y cierra los ojos, como el que baja las persianas de un cuarto en verano para crear un silencio fresco en el que se detengan hasta las moscas.

1 comentario:

Tomás de Zárate dijo...

Había una canción de the police: I'll send an S.O.S. to the world
I'll send an S.O.S. to the world
I hope that someone gets my
I hope that someone gets my
I hope that someone gets my
Message in a bottle, yeah
Message in a bottle, yeah
Cuando estás parado hay como un grito silencioso. Creo que es la vida que se supone que deberías tener. Y ella está por ahí, escondida. Está oscuro, y aunque sea otro el que apagó la luz, a ti te llega el zumbido de la escondida: inútil, ¿dónde estás? ¿qué haces? La buscas, te pones a buscarla, vas tropezando con todos los muebles. Como si las esquinas las hubieran inventado para eso, para golpear. No te importaría tirarte con los ojos cerrados a la piscina, pero alguien se ha llevado el agua.