miércoles, 2 de febrero de 2011

Revista Top Disney : 1 euro.

El domingo, los de El País sacan una revista para niños con el periódico. El del quiosco, que acaba de abrir, la tiene que buscar entre toda la chatarra que traen hoy los periódicos

-Aquí tienes, chavalete – me dice

Hacía unos veinte años que no me llamaban chavalete. De hecho, sospechaba que esa palabra ya no existía, que había alguna ONG subvencionada que protegía a los pocos que la utilizaban. Chavalete

Me parece una buena idea lo de la revista porque así los niños podrán contarles a sus descendientes :

-Recuerdo que acompañaba a mi padre al quiosco hasta que unos meses más tarde nos descargamos un aplicación en el iPad y se acabaron los paseos

Y es que la continua innovación hace que nos resulte muy difícil crear tradiciones. Si supiera cómo arreglarlo, esta frase sería una queja, pero como no es el caso, se queda en lamento. Quizás en su cerebro, ya acostumbrado al cambio, algo que se haga dos veces sea ya una tradición. La tecnología nos va a obligar a revisar muchas palabras.

Ya en casa, abro la revista. Es fina y con bastante publicidad. Para eso, que adjunten el catálogo de juguetes de El Corte Inglés o el de IKEA, que abulta mucho y es gratis. Y lo que no es publicidad, es la versión para tebeo de los dibujos que aparecen en la televisión : más de lo mismo, como la adaptación para el bolso de una compresa.

Pues muy mal, señores de El País y señores de Disney. No rompo la revista porque en la portada aparecen Phineas y Ferb, a los que admiro. De hecho, son los únicos que pueden presentarse a cualquier hora en casa, que siempre tendrán la puerta abierta

-Hola, somos Phineas y Ferb
-Pues pasad, pasad..

Ahí está. A cualquier hora. Como acabo de decir. Extendí el salvocoducto el mismo día que, haciendo caso de la recomendación de un amigo músico, vi un episodio.

-(Tecla blanca, blanca, negra, dos blancas, negra) - Primero me lo dijo al piano y como no le entendí, le puso palabras
-Tienes que ver uno. Tiene un humor especial

Y seguí su consejo porque este hombre, músico, te sirve unas patatas fritas excelentes y yo haría cualquier cosa por ellas. No se equivocaba con Phineas y Ferb, así que fui a la nevera y actualicé los permisos y las prohibiciones. .

Permisos : Hayao Miyazaki + Phineas y Ferb.
Prohibiciones : Lo que no es Hayao Miyazaki ni Phineas y Ferb

Por fin había unos dibujos que no trataban el cerebro de los niños como si fuera un par de huevos que hubiera que remover. Dentro de unos años, cuando los efectos sean evidentes, comprenderán las consecuencias de programar Bob Esponja, Gormiti, Ben 10 o Batman a todas horas. Las autoridades sanitarias se preguntarán : .

-¿Y qué podíamos hacer?, no sabíamos que eran tan nocivos. .

Pues que quede constancia de que ya lo advierto aquí. Lo son.

-¿Y qué podíamos ponerles? ¡Con algo había que llenar tantos canales infantiles.

Pues os doy la respuesta, aunque está más arriba : Hayao Miyazaki. Sería mejor que la ONG que protege a los que usan la palabra chavalete cambiara sus fines y se pasara un tiempo en los estudios Ghibli aprendiendo para luego crear algo parecido aquí.

Algún enterado habrá murmurado para sí mismo. ¿Pero ese Hayao no es el de Marco y Heidi?. Sí, el mismo. Y el de Porco Rosso, La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro o El viaje de Chihiro. Pero, básicamente, Marco y Heidi.

Alcanzado este punto, llega el momento de defender públicamente Marco y Heidi. Los que sigan pensando que son sólo dos series infantiles más, en el peor sentido de la palabra, deberían verlas otra vez. Si los dibujos actuales tratan a los niños como seres incapaces, Hayao Miyazaki se propone, con sus historias, justo lo contrario : evitar que los niños sueñen con convertirse en Peter Pan. Debajo de sus historias está el lema “Muerte a Peter Pan”, lo que pasa es que como uno ve a Hedi rodando entre flores y a Marco con Amedio al hombro, se distrae.

Que nos distraemos con cualquier cosa.

Y hay que fijarse, porque Marco exige que te adaptes a su ritmo, a las relaciones de los personajes, a la propia evolución de una historia larga y cada vez más dura. Tan dura que poco a poco va provocando deserciones hasta que, a pocos capítulos del final, sólo queda María pendiente de la historia.

Fruto de su constancia, una noche, me llegan a la cama, desde el salón, las esperadas palabras de Marco.

-¡Mamá, mamá!

Y ya me puedo dormir tranquilo.

4 comentarios:

La Abela dijo...

¡¡Qué exagerado!!y ¿qué me dices de
"la abeja Maya"? ¿cualquier tiempo pasado fué mejor?

Sisú dijo...

En cuestión de dibujos animados, y referido a Marco y Heidi, sin duda. Te animo a que veas cualquier capítulo de Marco y me digas qué serie de las que ahora se pueden ver en televisión puede estar a su nivel.

Alejandro Britos dijo...

La chatarra que traen los periódicos es equiparable a las disparatada cantidad de colecciones inservibles que también se venden en los kioskos, lo sé de buena tinta por un amigo del gremio al que han convertido su pequeño kiosko cen unos grandes almacenes, con trillones de revistas extra de los diarios, chucherías varias, aparatosas promociones y voluminosos e inservibles regalos que traen las colecciones; entre tanto cartón y papel a veces sobresalen sus ojos, escondidos en la maraña de inventos, ungüentos y baratijas con que la prensa nos obsequia… si prestas atención descubres que el sector se está convirtiendo en una especie de tienda china en donde puedes adquirir de todo: los domingos ya no hace falta salir de vermouth, te comparas la colección “Tapas mediterráneas” que con el fascículo de esta semana sobre distintos tipos de tostas ibéricas te regalan una tapa de mejillones a la vinagreta y un crocanti de boletus; que necesitas algo de ropa, con alguna de las revistas de moda adquieres, “de regalo”, dependiendo de la semana, desde una camiseta hasta lencería; con los fascículos de la enciclopedia “Construye tu propio coche” puedes ir reparando las frecuentes averías del auto, desde las bujías del primer fascículo hasta el retrovisor de la próxima semana… colecciones como “Dedales del Mundo”, “Enanitos de Jardín”… siempre renuevan el mobiliario del salón de casa… y todo esta oferta, todo este crisol de ilusiones está en la esquina de la calle, al ladito de casa… se acabó el tiempo en que los españoles pasábamos el fin de semana en el Carrefour y aledaños, ahora mismo no hay nada como un buen kiosko de prensa donde abastecer a toda la familia.

Sisú dijo...

Sí, Alejandro, ahora que triunfa lo digital sorprende el tema de la chatarra que se vende el los kioskos.
Haciendo de psicólogo, y tomándome a mí mismo como ejemplo, es posible que, sentados todo el día frente al ordenador, necesitemos adquirir objetos para darle cierto peso a la realidad. Una forma de que el dinero, que transcurre por nuestra vida sin que lo veamos (ingresado en la cuenta va a pasar a la de la hipoteca o a la del supermercado o a la de la farmacia como una corriente invisible), se convierta en algo tangible. El qué (un libro de Pérez Reverte o las cartas del Tarot) en el fondo nos da igual. Necesitamos las cosas, pero no por lo que creemos.