martes, 6 de julio de 2010

Bandera de España : 3,60 euros

Lucía se fija en los balcones del barrio y decide que, pasar seguir la tendencia, nosotros también tenemos que colgar una bandera de España. Supongo que para ella debe ser una cuestión de moda, un imperativo que debe aceptarse con un gran sí capaz de pasar por encima de nuestros noes como un tanque por un campo de margaritas.

Así que vamos a la tienda de chinos que tenemos al lado de casa, donde encuentras de todo cuando no buscas nada. Veo la figura de un jamaicano fumando, un gato dorado saludando con su pata derecha, un adaptador de portátiles para el coche, unas pegatinas de Bob Esponja, fundas para el móvil, sacos de naranjas, platos de papel para fiestas, pilas de marcas desconocidas y, colgadas de un estante, tres banderas de España de distinto tamaño. No sé qué argumentos utilizo para conseguir que Lucía acepte la más pequeña, que la cajera saca de una caja, perfectamente doblada y envuelta en una fina capa de plástico. Detrás de ella veo un periódico chino con la foto de la selección a color.

Me siento un poco raro cuando cuelgo la bandera en el balcón, como si todo se fuera a ver en blanco y negro y a mí me fueran a entrar ganas de dar un discurso de bienvenida a los americanos.

-Está al revés – me dice Lucía.

Y veo que es cierto. Para que se vea bien desde la calle, el escudo tiene que estar a mi derecha. Le deshago los nudos y vuelvo a hacerlos. Me siento raro y un poco perdido porque me doy cuenta de que la relación con la bandera siempre se realiza a través de intermediarios. Parece que fuera algo que sólo los profesionales pudieran manejar. Profesionales del ejército, de la política, del deporte o de la publicidad. Tan acostumbrado estás a que sean otros los que la icen, la arríen, la cosan en una camiseta o le pongan el sello de DYC o la leyenda de Manolo el del Bombo que cuando te toca a ti no sabes muy bien qué hacer, como el ayudante recién sacado del público que sigue torpemente las indicaciones del mago.

-Pues ya está – le digo a Lucía.

Y los dos nos quedamos mirando la bandera como si fuera a pasar algo. Lucía, cumplido su objetivo, mandar volver a los tanques a sus cuarteles y se marcha a pintar. Cuesta hacerle un hueco entre los que la utilizan como símbolo de sus ideas y los que, también como reflejo de las suyas, no quieren ni verla, pero de eso se trata. Ahora está ahí colgada al margen de unos y de otros, animando a la selección para que mañana gane a Alemania.

Todo lo que criticaba de los que llevan la bandera en el coche, en una camiseta o en una bufanda me lo puedo aplicar a mí. ¿Acaso va Casilla a jugar mejor gracias a esta bandera? Desde este lado de la barrera o del balcón, las cosas son distintas y me recuerdo la teoría de la mariposa que mueve las alas y el ciclón que se desata en un pueblo de la selva negra, por poner un ejemplo. Nunca se sabe.

Busco por curiosidad una etiqueta en la que se diga dónde está hecha la bandera. No sé si por una cuestión de delicadeza o de alta política, debe ser el único artículo de la tienda que no lleve el Made in China puesto.

Antes de seguir los pasos de Lucía, compruebo que los nudos estén bien hechos, no vaya a volarse durante la noche. Sería una mala señal para mañana y nos provocaría un disgusto en una semana muy tensa sentimentalmente hablando : Gary, el caracol que se movía a la velocidad de la luz por las noches, apareció ayer muerto debajo de una hoja en un tiesto. Muerto es una palabra que no describe bien la situación. Gary, por culpa del calor, después de muerto se había evaporado, en la prueba más palpable de la transmutación y ascensión de un cuerpo que he tenido en cuarenta y un años. Si mis hijos hubieran sido un poco mayores, le habría dado unas lecciones básicas de teología aprovechando lo del caracol, pero no era el momento. Tiramos la concha a la basura después de comprobar mil veces que estaba vacía y, tras cerrar la tapa, volví a sentirme como el ayudante que, por un error suyo, provoca el fracaso del mago.

Estoy a punto de entrar, pero me vuelvo. No puedo evitarlo.

-Como alcalde vuestro que soy...

2 comentarios:

La Abela dijo...

Es una gran verdad la inmensa mayoria de nosotros tenemos un relación muy tímida con nuestra bandera( por una u otra causa) pero ahí está y cuando hay un motivo que nos atañe a todos, todos sentimos lo de "soy español,español, español)

Jose Ramon Santana Vazquez dijo...

...traigo
sangre
de
la
tarde
herida
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...


desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ


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CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...


AFECTUOSAMENTE
EL COSTE DE LAS COSAS

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José
Ramón...